En un contexto donde la juventud china enfrenta desafíos sin precedentes, el antropólogo Biao Xiang ha trascendido el ámbito académico para convertirse en un guía para la Generación Z. Con 54 años y actualmente radicado en Alemania, donde dirige el Instituto Max Planck de Antropología Social, Xiang analiza las contradicciones de una nación que, pese a su poderío económico, mantiene a sus jóvenes en un estado de constante ansiedad.
La influencia de Xiang es tal que la frase "ante la duda, pregúntale a Biao Xiang" se ha popularizado en el país asiático. Recientemente, durante una conferencia en Singapur, cerca de 500 personas, en su mayoría parte de la diáspora china, se reunieron para escuchar sus reflexiones sobre la presión social y la búsqueda de validación personal a través de sistemas competitivos, como los exámenes de ingreso o la estabilidad laboral, los cuales, según el académico, pueden resultar agotadores.
Xiang identifica fenómenos sociales clave que explican este malestar. Utiliza el término "flotando" para describir a quienes trabajan sin descanso para sobrevivir, y critica el descuido de "lo cercano" —el espacio intermedio entre el individuo y el mundo global—. Asimismo, señala que factores como el mercado inmobiliario y la masificación de la educación superior han intensificado la "involución", un concepto que define como una competencia extrema que ofrece escasas recompensas.
El panorama laboral es particularmente complejo. Antes de que el gobierno dejara de publicar datos a mediados de 2023, el desempleo juvenil alcanzó el 21,3%. A esto se suma el temor a la "maldición de los 35", una edad límite percibida en el mercado laboral que genera gran incertidumbre. Ante este escenario, Xiang sostiene que su labor es desentrañar las causas de esta desilusión: "Todos saben dónde está el problema, pero se resisten a afrontarlo. Pero, como académico, no es aterrador si puedes describirlo; así es como se analiza y se gestiona".
Aunque algunos colegas académicos han cuestionado su perfil público, Xiang abraza su rol como figura influyente. "Si alguien me llama influencer, me lo tomo como un cumplido. Porque la verdadera influencia que puedo tener es la de hacer que la gente piense por sí misma", concluyó.


