EDMONTON, Alberta. — La provincia de Alberta, reconocida por sus vastas reservas de petróleo y gas, se encuentra ante una encrucijada histórica. Este lunes 19 de octubre, los ciudadanos acudirán a las urnas para decidir si mantienen su estatus actual dentro de Canadá o si respaldan un referéndum vinculante para buscar la independencia. El debate, que ha polarizado a la opinión pública, enfrenta a quienes ven en la separación una oportunidad para retener la riqueza generada por sus recursos naturales y a quienes advierten sobre un colapso económico derivado de la incertidumbre política.
Keith Wilson, uno de los principales defensores de la independencia, sostiene que Alberta posee la infraestructura y la mano de obra calificada necesarias para prosperar como nación soberana. Según datos del Instituto Fraser, la contribución neta de Alberta a las arcas federales desde 2007 ha sido de 322.000 millones de dólares canadienses (US$226.000 millones), con un promedio anual de 17.000 millones de dólares canadienses (US$12.000 millones). Los separatistas argumentan que, al dejar de pagar impuestos federales, la provincia podría ahorrar decenas de miles de millones de dólares.
Por el contrario, la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, aunque autorizó la votación, se opone a la separación. Un informe encargado por su gobierno advierte que los costos de transición oscilarían entre 50.000 y 170.000 millones de dólares canadienses (US$35.000 millones y US$120.000 millones) en cinco años. Además, la Fundación CanadaWest estima que la provincia podría heredar una deuda adicional de entre 258.000 y 333.000 millones de dólares canadienses (US$181.000 millones y US$234.000 millones). El economista Trevor Tombe, residente en Calgary, advierte que una separación mal gestionada podría reducir el PIB de la provincia en 62.000 millones de dólares canadienses (US$43.500 millones) anuales y costar 175.000 empleos.
El movimiento, que ha ganado fuerza tras años de frustración por políticas ambientales y la gestión federal, cuenta con el apoyo de entre el 20% y el 25% de los votantes, principalmente entre los sectores más jóvenes y rurales. Mientras tanto, el futuro de la provincia sigue siendo incierto ante la advertencia de expertos sobre los riesgos de replicar escenarios como el Brexit en la economía canadiense.


